La primera obra maestra del Museo del Prado

Daniel Verdú, El País, 17.11.2011

La primera obra maestra que se puede ver al llegar al Museo del Prado es -y se puede ver desde bien lejos-, el propio Museo del Prado. Su enorme contenedor. Así define su director, Miguel Zugaza, lo que representa la construcción del inmueble que proyectó Juan de Villanueva en 1875 para la compleja identidad de la principal pinacoteca española. Y se da la circunstancia que este año se ha hecho coincidir el festejo habitual de aniversario del museo (192 años) con el recuerdo de los 200 años de la muerte de Juan de Villanueva.

Para honrar a su arquitecto, al padre de la criatura, El Prado ha reeditado dos textos sobre el edificio y sobre el trabajo de su arquitecto. El primero (El Museo del Prado. Biografía del edificio) es un denso libro de Pedro Moleón que muestra a través de un rigor y academicismos estrictos y fotografías y planos de la época la historia del inmueble. El segundo es un cuaderno con el texto del arquitecto Rafael Moneo (autor de la última ampliación que ha experimentado la pinacoteca) titulado El museo del Prado de Juan Villanueva, comentado por Rafael Moneo.

Ambos estuvieron ayer en la presentación de los libros y expusieron su visión del arquitecto neoclásico y la historia de cómo éste abordó el proyecto que presentó en 1785 al Conde de Floridablanca y que nunca llegó a ver inaugurado. La idea inicial es que fuera una suerte de museo/archivo de ciencias naturales que iba a erigirse sobre unos terrenos propiedad de la ciudad de Madrid. Villanueva presentó dos proyectos. Uno con gran ornamento y pórticos en la fachada del Paseo del Prado (bastante costoso), y otro más sencillo y sobrio (el que conocemos hoy).

Y ese fue un punto de discusión entre los dos ponentes. Porque Moleón considera que la versión final del museo no corresponde a ninguno de esos dos proyectos y se trata de un tercer proyecto. Moneo, en cambio, rebatió la idea y aseguró que el proyecto que conocemos es prácticamente el mismo que el que se presentó en la maqueta de madera. Además, sostuvo que la sospecha de que Villanueva presentó un proyecto mucho más costoso que otro con la secreta intención de que quedara automáticamente descartado para poder construir el que realmente quería.

En todo caso, el diseño del Prado es una historia de dualidades. “Es la superposición de dos edificios longitudinales que se cruzan. Eso hace que los dos planos tenga la misma importancia. Por eso Villanueva diseñó dos fachadas principales”, explicó Moneo. “Y la pieza clave es el ábside, el elemento que comparten los dos edificios”, insistió.

Para el autor de la principal ampliación del Prado en sus 200 años de historia, que aumentó su superficie en 22.000 metros cuadrados, Villanueva era una mezcla de “pasión y mesura”. “Él era muy consciente de la magnitud del proyecto”, recordó Moneo, “en él había una delicadeza y una dulzura carente en el resto de arquitectos neoclásicos”.

Para celebrar ambos aniversarios, el museo realizará el día 19 de noviembre itinerarios especiales guiados para conocer a fondo el edificio. Además, y durante toda esa jornada, ofrecerá acceso gratuito a su colección permanente.

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