El espacio imposible de Anish Kapoor

 

 

 

 

Miguel Mora, El País, 13.06.2011

Bendecido por gran parte de la crítica, y cada día más aclamado por un público que suele contemplar sus espectaculares piezas con la boca abierta, el escultor y arquitecto angloíndio Anish Kapoor (Bombay, 1954) asombra estos días a Europa con varias exposiciones simultáneas. Algunas de sus piezas engullen literalmente al espectador, dejándoles pasear por su interior. Otras son menos interactivas, pero ofrecen siempre sensaciones nuevas y variopintas.

Entre la mística, el juego y el sortilegio, algunos espectadores levitan con Kapoor. Otros se marean ante ese despliegue de formas inéditas y vacíos enormes. Kapoor es el gran mago contemporáneo de la escultura, y su éxito es tan unánime, y su ausencia de polémica le resulta tan cómoda al establishment del arte, que ya parece no negarse ningún reto.

Tras enamorar en el Parque Millennium de Chicago con su Cloud gate, quizá la obra contemporánea más visitada de la actualidad, el escultor seduce ahora a París con una sutil y descomunal pieza de goma roja, especialmente concebida para el Grand Palais. Se trata de un globo traslúcido al que ha dado un nombre bíblico, Leviathan, el monstruo marino de la mitología judeocristiana. “Un monstruo marino es grande, amorfo, incontrolable y provoca emociones”, dijo Kapoor en la presentación. No parece mala definición para la obra de este artista versátil y en permanente expansión, que desde mañana será una de las estrellas de la Feria de Basilea, como invitado especial en la sección (monumental) Art Unlimited.

Kapoor vive desde 1973 en Londres, donde ha trabajado siempre con la Lisson Gallery, de Nicholas Longsdail, gurú de la nueva escultura británica. Allí acaba de exponer con la Serpentine Gallery, y su codirector, Hans Ulrich Obrist, explica así el secreto de tanto éxito: “Kapoor ha recorrido un largo camino. En los años ochenta ya era conocido e interesante, pero su crecimiento como artista ha sido lento y sostenido. Empezó haciendo objetos de polvo rojo y poco a poco inventó un lenguaje nuevo. Con el tiempo, lo más novedoso ha sido su cambio de escala, sus dimensiones se han ido haciendo mucho más amplias”.

Según Obrist, este nuevo Kapoor comenzó a cuajar en la Tate Gallery en 2002, cuando realizó la pieza Marsyas para la sala de turbinas. “Eso supuso el inicio de su colaboración con el ingeniero Arup Cecil Balmond, que trabajó con Koolhaas y otros grandes arquitectos”, recuerda Obrist. “Probablemente eso le ha ayudado a llegar a lo que hemos visto ahora en París, que es seguramente lo mejor, y lo más grande, que Kapoor ha hecho nunca”.

Los tubos, cañones, nubes, trompetas y túneles de Kapoor logran cambiar la percepción del espacio. Aunque algunos le reprochan cierta tendencia a la megalomanía, otros se rinden a su dominio técnico y a su poética silenciosa. Ver sus obras produce efectos singulares. En Milán mucha gente siente alivio a la salida de Dirty Corner, una escultura de acero que forma un pasillo de 60 metros de largo por tres de diámetro. La obra fue pensada especialmente para la catedral de la Fábrica de Vapor. Al entrar en la ballena, la oscuridad es a ratos total y la claustrofobia empuja a algunos a volver atrás, pero la mayoría tira para adelante. La crítica italiana ha comparado la visita con el túnel de luz que pintó El Bosco en el Paraíso. La pieza, que se puede ver hasta enero, será cubierta poco a poco por una montaña de tierra roja de 160 metros cúbicos.

En Milán se exhibe también una antológica de siete obras, repartida (hasta octubre) en los espacios de la Rotonda de la Besana: piezas de la última década, con las que Kapoor ha revolucionado la forma de crear y observar la escultura. Hans Ulrich Obrist piensa que Kapoor representa para el arte lo mismo que supuso la nouvelle vague para el cine: “Hace experimentos muy interesantes que son a la vez muy populares. Eso le ha sacado del estrecho mundo del arte y le acerca a nuevos públicos. Lo admiran en los cinco continentes, y aunque ha ganado territorio, no ha perdido en absoluto la concentración”.

Pero no siempre los experimentos cuajan. Ascensión, una instalación conceptual que Kapoor realizó en 2003 en San Gimignano, es uno de los grandes reclamos de la Bienal de Venecia. Una base situada en el crucero de la basílica de San Giorgio Maggiore debe liberar una fina espiral de humo que asciende hasta la cúpula. Pero algunos problemas técnicos impiden ver el humo con la debida asiduidad.

 

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