Sevilla en flor


Anatxu Zabalbescoa, Blog “Del Tirador a la Ciudad”, 11.05.2011

Sombra, icono, organización, fiesta y vistas, el parasol Metropol que Jürgen Mayer (Berlín, 1965) ha concluido en Sevilla es a la vez un umbráculo, un reclamo, un elemento ordenador del espacio, una pasarela-mirador y un polémico proyecto de caligrafía indiscreta.

Mayer, un arquitecto que divide su trabajo, siempre icónico, entre interiores (para Calvin Klein), un aeropuerto (en Georgia) y proyectos para instalaciones artísticas, ganó el concurso para transformar el entorno de la plaza de la Encarnación de Sevilla, descuidada durante 40 años, en un lugar legible. Se trataba de coser una zona desestructurada en la que se dan cita un mercado, una gran plaza urbana, un museo arqueológico, bares y restaurantes con una pérgola capaz de construir un salón público en el barrio.

Con referencias bastante libres a los árboles de los jardines cercanos, de la Plaza del Cristo de Burgos, mezclando alusiones a las tradicionales pérgolas emparradas, evocando las celosías de las ventanas e incluso con la ambición de hacerse eco de las bóvedas de la catedral, Mayer tejió una floración de pétalos de chapa de madera –protegidos con poliuretano- soportados por una estructura metálica capaz de generar un microclima al lado de la ciudad antigua.

Así, uniendo y tupiendo, el arquitecto alemán levantó un umbráculo que es a la vez techo, zurcido urbano, reclamo y mirador (tras pagar 2€ los visitantes que no viven en Sevilla). El fotógrafo Íñigo Bujedo Aguirre atestigua que el umbráculo parecía satisfacer a buena parte de los vecinos que, desde que se inauguró hace unos días, lo visitan, lo analizan y lo pueblan a diario. Así, un sector entusiasta del público considera que el parasol atraerá a un gran número de visitantes a Sevilla. Entre ellos se cuenta, cómo no, el alcalde hispalense, el socialista Alfredo Sánchez Moteseirín, que declaró el día de la inauguración que los 100 millones de euros que ha costado el proyecto se amortizarían en un año. Entre los que celebran la sombra se cuentan los sevillanos que consideran que los parasoles refrescan la imagen anquilosada y hasta rancia de la ciudad. Justo el mismo patrimonio que ven peligrar quienes no aplauden el proyecto. El debate está en los medios y en la calle. Pero se puede discutir a la sombra.

Aunque ese despliegue floral tenga la virtud de haber logrado coser, compactar, refrescar y anunciar el barrio, son muchos los que han puesto el grito en el cielo cuando una obra espectacular y sorprendente, digna de un evento efímero en los que es fundamental hacerse ver, se ha instalado en la ciudad para quedarse. Es cierto, la zona está reconquistada. Y la polémica, servida. ¿Qué opina usted?

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