Las plazas ya no quieren ser tan duras

 

 

 

 

 

Anatxu Zabalbeascoa, El País, 22.01.2011

El mejor urbanismo de los próximos años será el reparador. Y, curiosamente, la antítesis de la arquitectura ambigua de los últimos tiempos podrá tener una lectura paradójica. Ha sucedido en Badalona. El arquitecto Jordi Badía, del estudio BAAS, ha trabajado la unión a partir de la desunión. Ha sembrado una plaza pública a partir de la destrucción de una antigua fábrica de recipientes de vidrio. La idea era integrar un Centro de Salud y un futuro edificio municipal con las construcciones retranqueadas de un barrio degradado. Y el Ayuntamiento apostó por la acupuntura: inyectar nuevos edificios para sanear el viejo tejido. Además, consideró que para no empezar de cero lo mejor era limpiar. El objetivo era llevar aire al barrio.

Que una plaza es un vacío que une lo demuestra Badía con un diseño austero pero cuidado que quiere llevar esa ventilación al vecindario. Hay más paradojas en su proyecto. A pesar de haber entrado con la piqueta, el arquitecto busca recuperar la memoria del lugar haciéndolo más humano con nuevas zonas de sombra, juego, descanso y vida vecinal.

Badía ya hace años que apostó por la recuperación sin nostalgia como la mejor vía para la integración ciudadana. No lejos de esta plaza Ovidi Montllor de Badalona, también el Museo Can Framis, en el Poble Nou barcelonés, optó por explotar la belleza de los desconchados y los sobrios volúmenes de la antigua arquitectura fabril del lugar. Le sumó a la historia la vida de barrio robándole a un museo un espacio público.

En la plaza dedicada al actor y cantautor Ovidi Montllor -donde el estudio de Badía firma también el Centro de Salud oculto tras una celosía cerámica y levantado del suelo con pilares que forman un porche para el ocio ciudadano- el espacio público está sembrado de mensajes. Remite, con los parterres y los bancos circulares -que se convierten en lámparas al llegar la noche-al uso de la desaparecida factoría de recipientes de vidrio. Y refleja la vida mediterránea, en la que una ciudad es una suma ecléctica y la plaza del pueblo, el salón de la casa.

La plaza tiene marcadas también huellas que apuntan al futuro, como los pavimentos que quieren coser los nuevos edificios: el Centro de Salud y las futuras oficinas municipales. Son huellas sutiles, trazos en el pavimento que tienden un puente casi imaginario. Se pueden pisar. La plaza es un marco y es el ciudadano quien decide. La labor de Badía es de limpieza, arqueología urbana y propuesta de futuro. Es consciente de que la ciudad se construye siempre a capas. Y sabe que el secreto de las mejores está más cerca de admitir el paso del tiempo que de abusar del tiralíneas.

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