Entrevista_Peter Eisenman

 

 

 

 

 

El Mundo, 21.01.2011

Ni las demoras son exageradas, ya que el Memorial del Holocausto de Berlín tardó diez años en construirse; ni es demasiado caro, pues 2.200 euros el metro cuadrado es la mitad de lo que costó la ampliación del Reina Sofía, por ejemplo. Ni adolece de falta de contenidos, ni competirá con infraestructuras culturales ya existentes, ni es un símbolo del despilfarro y de la arquitectura espectáculo en tiempos de crisis. Así lo cree el arquitecto Peter Eisenman, creador de la Cidade da Cultura, y así lo reitera en las entrevistas, en las que ampara sus argumentos en la apelación al progreso y a la historia que, según opina, le dará la razón, como ocurrió a los diseñadores del Lincoln Center de Nueva York. Las comparaciones, que según dicen son odiosas, saltan constantemente en el debate sobre el tema: que si el Guggenheim de Bilbao, que si la Ópera de Sidney…

Eisenman se muestra seguro en la defensa de su proyecto. Insiste, además, en la razonabilidad del coste en términos relativos -351 millones de euros ya gastados, cuando faltan dos edificios por terminar y otros dos por levantar-. Y traslada a la Xunta de Galicia la responsabilidad del incremento del mismo, -casi un 400% según las previsiones de la inversión total-, a pesar de que tanto un informe del Consello de Contas, como una investigación parlamentaria y otra de la jueza instructora que llevó el caso hablan del “reiterado incumplimiento por parte de la empresa adjudicataria de los plazos de entrega” y de la “pretensión del señor Einsenman de ver aumentados sus honorarios” como marco de una renovación contractual que fue muy cuestionada.

¿Qué le parece el trabajo que ha hecho el arquitecto del proyecto ejecutivo, Andrés Perea?

Este proyecto sería imposible de completar sin alguien tan dedicado y profesional como Andrés Perea, además de su equipo, mi equipo, y todas las personas que participan en la construcción del proyecto. Andrés Perea le ha dado una energía, una pasión, y un espíritu a la obra que son únicos.

El proyecto ha cambiado mucho desde 1999. ¿Está satisfecho con los cambios?

Todo proyecto sufre cambios. Por ejemplo, algunos de los mejores museos del mundo, como el Louvre, no habían sido concebidos originalmente para servir como museos. Precisamente, dado que la Cidade da Cultura contiene una cierta flexibilidad espacial y funcional, puede adaptarse a los cambios políticos, económicos y sociales. Estoy más que satisfecho con la manera en que los cambios han enriquecido el proyecto.

Cuando lo concibió, optó por las formas curvas, más fáciles de integrar en el paisaje del monte. Pero las formas curvas son más difíciles de llevar a la práctica, más caras… ¿Le preocupaba la complejidad que esto pudiese introducir?

Es vieja ya esa leyenda de que las líneas rectas son más baratas de construir que las curvas. Con las nuevas tecnologías digitales de las que disponemos, podemos producir infinitas variaciones al mismo coste que el de repetir líneas rectas. Las formas naturalistas son tan fáciles de construir como las rectangulares.

Es uno de sus proyectos más complejos, según ha dicho. Pero también una oportunidad para hacer algo interesante, ambicioso… ¿Lo considera, junto al Memorial del Holocausto, y el Centro Wexner, una de sus mejores obras? ¿Por qué?

A cualquier arquitecto le encantaría tener la oportunidad de construir seis edificios a la vez, para así poder definir el espacio entre edificios, cosa imposible cuando se construye uno solo. Los espacios entre los edificios, y las relaciones entre edificios, son tan importantes para los usuarios como los espacios interiores. Evidentemente, en términos de metros cuadrados, éste es uno de los proyectos más complejos que hayamos emprendido, pero será la historia quien juzgue si se trata de una de nuestras mejores obras.

El edificio del Museo es uno de los más impactantes. Algunos artistas comentaban en la inauguración que, de algún modo, refleja el sentido barroco de la ciudad: parece que el edificio termina pero sigue otros 12 metros, y luego otros 12, y otros 12… ¿De qué modo concibió la integración del edificio en la ciudad, más allá del monte Gaiás?

El origen de la planta del complejo, y por lo tanto de la forma y la organización de los edificios, surge directamente de la planta del casco histórico medieval de Santiago. Esta relación entre la ciudad sobre el monte y la ciudad en el valle ha sido muy importante en el desarrollo del proyecto.

¿Por qué se dispararon tanto los costes? ¿Hubo falta de previsión por parte da la Administración o el coste no preocupaba mucho al Gobierno de Manuel Fraga?

En primer lugar, debo dejar bien claro que los costes no se han disparado. Comparado con varios otros grandes proyectos emprendidos en España en el mismo momento, el coste por metro cuadrado es bastante modesto. Los costes han ido aumentando proporcionalmente con respecto al aumento de tamaño de cada edificio al nivel individual, según lo iba solicitando la Xunta. Por ejemplo, partimos de una biblioteca para 250.000 libros, y después se nos pidió que la adaptásemos para poder albergar un millón. Al principio, el auditorio de música estaba programado para un aforo de 500. Se nos pidió que le añadiésemos 1.000 butacas más y ampliásemos la zona de bastidores, incluyendo un almacén para la tramoya. Todos estos añadidos fueron solicitados por la Xunta. Finalmente, el retraso administrativo de cuatro años, durante los cuales no sucedió nada trascendente, añadió costes a los contratos de construcción ya firmados y otorgados. Los arquitectos no aumentan la dimensión de los proyectos, esto lo hace la realidad política.

Algunos arquitectos opinan que el tamaño de la obra es excesivo en comparación con la ciudad.

Los tales “algunos arquitectos” de los que me habla no están pensando en el futuro de Galicia en la sociedad de la información y el conocimiento del siglo XXI, sino en la Galicia bucólica del XIX. La dimensión del proyecto hoy por hoy es acorde con los requisitos infraestructurales para el futuro de la prosperidad cultural en Galicia.

Otra de las críticas es el “vacío de contenidos”. La creación del Archivo o del Centro de Arte Internacional no estaba prevista inicialmente. ¿Qué cree usted que va a aportar la Cidade da Cultura a la cultura gallega? El Museo, ¿debería ser de arte e historia de Galicia con una colección permanente?

Primero, siempre hubo un archivo, la Hemeroteca. Segundo, el Centro de Arte Internacional reemplazó la idea del museo de Galicia precisamente porque podría atraer más visitantes a Galicia, y difundir la idea de una Galicia contemporánea por todo el mundo de la cultura. Esto no significa que no se vayan a incluir obras con valor para la historia de Galicia en la programación del museo.

También preocupa la posible duplicación de las funciones respecto a infraestructuras que ya existen como el CGAC, el Marco, la Biblioteca Ánxel Casal, el Museo do Pobo Galego, los teatros Principal y Salón Teatro. ¿Qué respondería a las críticas en este aspecto?

En cualquier región que crezca habrá siempre fuerzas competidoras que estimulen la economía y la producción cultural. Decir que Galicia no necesita más proyectos culturales nuevos porque ya existen otras instituciones es, una vez más, intentar darle marcha atrás al movimiento inexorable del tiempo. El progreso hacia adelante en nuestra sociedad cambiante también supone nuevas instituciones con nuevas perspectivas. Éste ha sido siempre el motivo declarado del proyecto.

¿Qué le parece, en general, la redefinición del proyecto realizada durante el Gobierno bipartito?

A la larga, todo proyecto ambicioso o de gran envergadura es político. Dado que el bipartito conformaba la oposición al partido que inició la Cidade da Cultura, es natural que utilizasen el proyecto como instrumento político. En todos los proyectos a gran escala en los que he participado a lo largo de mi carrera, las administraciones de turno, ya fuesen las que los iniciaron o las que los remataron, han intentado fijar su propia impronta en los proyectos. Personalmente, estoy en contra de la estetización de la política, del uso del proyecto como si fuese una pelota de fútbol político. La Cidade da Cultura es para todos los gallegos.

¿Por qué ha dicho que sería mejor para el futuro de la obra que ganase el PP en las elecciones estatales? ¿Le han facilitado más las cosas como arquitecto los gobiernos de derechas?

Este proyecto fue iniciado por el Partido Popular y siempre ha sido identificado con él, por lo que queda claro que si el ministro de Cultura en la próxima legislatura fuese del PP, estaría más a favor de unirse a Galicia en mantener este proyecto como una forma de cooperación entre el Gobierno central y la Comunidad Autónoma.

¿Cómo cree que se podría solucionar el problema de los accesos? (El Ayuntamiento propuso un teleférico…)

Siempre me opuse al teleférico, pues poco tiene que ver con la infraestructura cultural que propone este proyecto. Creo que el transporte público con acceso mediante un futuro enlace entre la autopista y la Cidade da Cultura, así como los accesos peatonales, serán más que adecuados para llegar al lugar. Al fin y al cabo, no se tarda más de 20 minutos en caminar desde la Cidade da Cultura hasta el Obradoiro.

La plataforma ‘Cultura si, mausoleo non’ propuso que se utilizase parte del edificio para acoger oficinas de la Administración autonómica. ¿Qué le parece?

Cualquier función que incentive el uso del lugar 24 horas al día, todos los días del año, sería beneficiosa para las actividades del lugar. Siempre he creído que incorporar funciones universitarias beneficiaría a la infraestructura cultural propuesta. Por lo tanto, el que hubiese funcionarios allí lograría el mismo resultado.

¿Cree que la obra tendrá un efecto en la economía gallega como el Guggenheim de Bilbao, como dice el conselleiro Roberto Varela?

Está fuera de cuestión el que una vez que se haya completado el proyecto podrá haber un enorme incremento del turismo cultural en Galicia, semejante al de Bilbao, y esto tendrá, cómo no, un profundo efecto en la economía de la región.

Ha dicho en varias ocasiones que la arquitectura no tiene que reflejar la sociedad, sino conseguir que se haga preguntas, ser precursora…

Tampoco hay duda de que este proyecto apunta hacia la Galicia del futuro más que a su pasado o al ‘statu quo’. Es un futuro que anticipa la necesidad de una infraestructura cultural que atraerá visitantes de todo el mundo, además de traer de vuelta a los gallegos a Galicia, de alguna forma mejorando la emigración que hoy existe. Esto es lo que siempre han podido hacer los proyectos culturales a lo largo de la historia, y es lo que hará la Cidade da Cultura para el futuro de esta región.

Otras obras de gran tamaño han sido criticadas por desmesuradas y poco funcionales. ¿Cómo debe concebir el arquitecto el equilibrio entre la forma y la función?

Toda arquitectura que aspire a la grandeza ha sido siempre un equilibrio entre la forma y la función. Si se considera aspirar a la grandeza como algo pretencioso, entonces estamos todos condenados a la banalidad.

¿De qué modo ha influido en este proyecto la filosofía deconstructivista?

La filosofía deconstructivista no tiene nada que ver con este proyecto.

Se han criticado proyectos como parte de las grandes obras que usted ha hecho por ser arquitectura espectáculo, de grandes contenedores. Con la crisis económica, opinan que no es tiempo para este tipo de obras. ¿Qué piensa usted?

Todo proyecto infraestructural debería aspirar a ser simbólico e icónico, y existir o resistir, en medio de los altos y bajos de la situación económica actual. Un ejemplo icónico en la ciudad donde resido es el Empire State Building, que fue comenzado y concluido en uno de los momentos más difíciles de la economía mundial. La historia, creo yo, recordará este proyecto con gran interés, sin preocuparse de los altos y bajos de la economía actual. La arquitectura es un símbolo importante de una cultura viva, productiva, y debe sobrevivir a las exigencias de las condiciones presentes.

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